Harry Dean Stanton: el rostro más profundo del cine estadounidense

Nunca obtuvo una nominación al Oscar pese a que varias de sus apariciones en el cine fueron antológicas. Siempre rechazó la idea de convertirse en un actor protagónico, aunque en esa condición entregó una memorable actuación en París Texas. Harry Dean Stanton, que falleció en Los Ángeles a los 91 años, construyó durante seis décadas una carrera artística extraordinaria como actor de reparto, en roles secundarios o circunstanciales que a partir de su mayúscula presencia actoral se convertían siempre en trascendentes. “No hay personajes pequeños. En cambio, lo que hay son actores pequeños”, dijo una vez.

Con su rostro filoso y magro, que parecía tallado e integrado a los paisajes rurales o desérticos en los que tan cómodo se sentía (nació en un campo de Kentucky, hijo de un cultivador de tabaco), Stanton fue la encarnación misma del espíritu más profundo de la identidad estadounidense. Transformaba su duro y áspero rostro en pura expresividad actoral para encarnar personajes que podían manifestar todas las formas del mal (su galería de villanos y psicópatas es notable) o bien seres humanos compasivos y ajenos a cualquier sentimiento negativo.
Entregó su mejor actuación en París Texas (1984), de Wim Wenders, como un hombre casi mudo que recorría interminables geografías solitarias sin encontrar respuestas. También brilló en otro film de culto (Todo legal, de Alex Cox) y en varias obras de David Lynch, de Corazón salvaje y Una historia sencilla a Twin Peaks: el regreso, hace muy poco, casi como una despedida. Lo recordaremos en el cine y también a través de las baladas rurales que solía cantar junto a su guitarra.
fuente: lanación.ar

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