Cuando Fito Páez impidió el debut de Los Prisioneros en Venezuela: “¡No soporto a esos chilenos!”

Latinoamérica es grande, el nuevo libro del comunicador y músico chileno Cristóbal González, aborda la ruta internacional del trío sanmiguelino en toda su carrera y detalla anécdotas singulares, como los enfrentamientos con el músico argentino en los 90, los que casi terminan a los golpes. El texto sale a la venta a mediados de octubre.


La primera vez de Los Prisioneros en Venezuela estuvo muy lejos de semejar un aterrizaje soñado. Muy por el contrario: fue una travesía que rozó la pesadilla.

Así al menos lo documenta el libro Latinoamérica es grande: la ruta internacional de Los Prisioneros, del músico y comunicador chileno Cristóbal González, el que se lanza este 16 de octubre en el Cine Arte Alameda (bajo editorial Santiago-Ander) y que por primera vez sintetiza los relatos y las historias de todos los conciertos que dio el conjunto en el extranjero, tanto en los 80 y los 90, como en su retorno en los 2000.

En ese contexto, el caso venezolano es uno de los más singulares. En noviembre de 1991, el grupo despegó temprano de Chile para partir hasta Caracas, pero una escala en Lima ya alertaba de que sería un viaje con turbulencias. Las autoridades peruanas pidieron desalojar el avión a todos sus pasajeros debido a un aviso de bomba. En el caso de los músicos chilenos -por ese entonces en una formación que tenía a Jorge González, Miguel Tapia, Cecilia Aguayo y Robert Rodríguez- debieron descender con equipos y maletas.

A la nave se la llevaron lejos y la inspeccionaron durante tres horas, en un operativo habitual por esos años en esa nación sudamericana, azotada desde principios de los 80 por el terrorismo, los atentados, los asesinatos y los coche bomba. Pero finalmente no encontraron nada, por lo que el trío sanmiguelino pudo seguir rumbo a Caracas.

Según cita el libro, en la capital venezolana le preguntaron al conjunto si el supuesto aviso de bomba habría guardado alguna relación con ellos, a lo que Tapia respondió: “Noooo, para nada. En Perú la cosa está muy difícil, es por eso yo creo”.

PORTADA DEL LIBRO LATINOAMÉRICA ES GRANDE: LA RUTA INTERNACIONAL DE LOS PRISIONEROS.

Fito Páez estalla

Pero los entuertos no culminaron ahí. Los hombres de La Voz de los 80 estaban convocados para tocar las dos primeras noches del Festival de Rock Iberoamericano Rock Music, donde integraron un impresionante cartel que también tenía a Soda Stereo, Os Paralamas do Sucesso, Los Lobos, Los Rodríguez, La Unión, Miguel Ríos, la banda local Desorden Público y Fito Páez. Y fue precisamente este último quien torpedeó el debut de los chilenos en el evento.

El libro sigue con el relato: “La primera noche (Los Prisioneros) tocarían junto a varias bandas y artistas, entre ellos, Fito Páez. Pero el rosarino presionó a la organización logrando sacar a Los Prisioneros del cartel la primera noche. Al día siguiente, Los Prisioneros pudieron finalmente tocar —enviando algunos recados a Fito—, quien, a su vez, durante esa segunda jornada hostigó a través de su equipo a la banda ska venezolana Desorden Público, para que estos terminaran rápido su show. ‘Los argentinos, que esperen’, le respondió Horacio Blanco, cantante del combo ska venezolano por medio del micrófono a Fito. La maquinaria de Páez no logró imponerse ante ‘los desordenados’ en ese instante, pero al final, gente del staff de Fito cortó la mezcla de sonido de Desorden Público, de modo que el grupo no pudo terminar bien su presentación”.

CARTEL DEL FESTIVAL DONDE ACTUARON LOS PRISIONEROS EN CARACAS, VENEZUELA.

Cristóbal González, el autor del texto que también estuvo presente en aquella cita –vivió parte de su adolescencia en Venezuela- dice que Páez quería salir rápido al escenario, cerrar la velada y que nadie más tocara después de él, por eso impidió que Los Prisioneros se presentaran. “Fue muy lamentable y egoísta”, dice en el libro.

Eso sí, la revancha estuvo 24 horas después, en la segunda jornada, cuando los chilenos sí pudieron aparecer en el escenario. Ahí, Jorge González cobró su revancha y trató al rosarino de “diva histérica”.

“Existían ‘cuentas pendientes’ entre los argentinos y los chilenos”, según aclara Latinoamérica es grande. Luego describe: “Fito había tocado a comienzos de año con Los Prisioneros en Chile, en un concierto en Punta de Tralca, un balneario de la región de Valparaíso, donde el público de la banda no lo recibió bien, lo pifiaron, de hecho. Y para rematar —según se cuenta en Corazones Rojos de Freddy Stock— Jorge González habría imitado los modos un tanto amanerados de Fito en escena. El rosarino quedó con rencor y esperó la ocasión para vengarse de Los Prisioneros”.

“¡Siempre me están insultando!”

De hecho, el asunto casi terminó en golpiza y drama. En Caracas, cuando el cantante de Circo beat supo que González estaba presente, lo fue a buscar hasta los camarines. El propósito era uno solo: arreglar todo a los golpes. Al llegar al backstage, se topó con Antonio Rojas, uno de los músicos de Desorden Público, quien se parecía físicamente a alguno de Los Prisioneros, y lo encaró.

En el libro aparece entrevistado Luis “Caplís” Chacín, bajista de la agrupación venezolana, quien recuerda: “Estábamos de lo mejor en nuestros camarines, que eran una especie de motor home, y vemos que viene Fito Páez enfurecido, era un energúmeno el tipo, y le grita a Antonio ‘tú eres de Los Prisioneros’. Antonio dice ‘¿qué le pasa a este loco?’ y el tipo manoteando y tal, como loco. Y Fito es bajo y flaco. Antonio es alto, le iba a poner su parada. Fito siguió con su actitud pendenciera hasta que Antonio salió y lo paró, ‘¡qué te pasa a ti, chico!’, le dijo. Fito captó el acento y pensó, seguramente, ‘estos tipos no hablan como chilenos’ y nos dijo ‘¿pero ustedes quiénes son?’. ‘Desorden Público’, le respondimos. ‘¡Perdón, disculpen! ¡Es que no soporto a esos chilenos, que siempre me están insultando!’. Ahí la cosa se calmó un poco, pero solo por un rato, ya que después, cuando salimos a tocar, Desorden gozaba de un buen show, éramos profetas en nuestra tierra, y el mánager de Fito va a la consola y nos tumba toda la mezcla, una grosería total. Después lo fuimos a buscar a Fito a su camarín para caerle a golpes, ahora sí había una razón para pelear; éramos como unas hienas, Fito se tuvo que encerrar en su camarín para protegerse. Los Paralamas hicieron de mediadores. La verdad es que quedamos muy indignados con su grosería. Nosotros nunca fuimos amantes del rock argentino, pero el incidente nos ganó más simpatía de la que ya teníamos hacia Los Prisioneros”.

JORGE GONZÁLEZ, CLAUDIO NAREA Y MIGUEL TAPIA.

Más allá de la trifulca y los conatos de gresca, para Cristóbal González la anécdota retrata un asunto mucho más global: por esos años, amparados en su gigantesco poderío popular, mediático y artístico, las bandas argentinas hacían lo que querían en los festivales latinoamericanos. Y ahí, los perjudicados casi siempre eran nombres de mercados menos populosos, como el chileno.

Así lo contextualiza en su libro: “Ese episodio de Caracas es parte de un relato mayor, de seis años. Recordemos que en el primer show de la banda en el exterior, en el Montevideo Rock, el grupo G.I.T, convocado para cerrar la jornada, hizo una jugada hábil y se adelantó a su turno, quedándose con un mejor horario para tocar, dejando a Los Prisioneros para el cierre del evento. Miguel Mateos, por su lado, también se quedó (unilateralmente) con el mejor puesto en el festival de Colombia del ‘88, aunque ello, al final, favoreciera a Los Prisioneros. Ellos en más de una ocasión debieron enfrentarse a grupos internacionales, en especial trasandinos, y lo digo sin celo alguno; fue una coyuntura que la banda vivió. En sus incursiones internacionales Los Prisioneros tuvieron que lidiar con bandas que hacían y deshacían con los horarios; artistas que usaban su posición de mayor popularidad para imponerse y obtener mejores condiciones y horarios en los eventos, en desmedro de los chilenos, que no contaban con el mismo respaldo de difusión, gestión y producción que sus pares argentinos. Pensemos en el siguiente contraste: en Chile en los ‘80 los medios no difundían el quehacer internacional de la banda, mientras que grupos como Soda Stereo viajaba con periodistas de su país, invitados por la misma banda a sus giras”.

En contraparte, su libro también viaja por otras latitudes donde los sanmiguelinos sí acumularon experiencias provechosas, como Perú, Colombia y Ecuador, países en donde hasta hoy son figuras veneradas. Todo condimentado con relatos de fans, periodistas, escritores, productores y músicos foráneos que vivieron y disfrutaron fuera de nuestras fronteras del mayor fenómeno del rock nacional.

fuente: latercera.cl

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